El plano como partitura: el ingeniero traza funciones; el artista escucha músicas ocultas.
El plano como palimpsesto: cada línea técnica guarda la memoria de la idea, la tensión del gesto humano detrás del compás o el mouse.
El plano como mapa de vida: lo que parece rígido en realidad late, vibra, se enciende, si es leído con otros ojos.
El algoritmo y el prompt que se convierten en prosa antes los ojos del carente de instrucciones, ciencia o conocimientos; el lego.
Aquí surge nuestra interpretación pictórica: no creamos sobre la nada, sino sobre una cartografía preexistente. Y esa tensión entre lo calculado y lo improvisado, entre la exactitud y el azar, genera un lenguaje plástico único y accesible.

No hay comentarios:
Publicar un comentario